Te libero de mí
Este escrito llegó a mí, no me preguntéis como, yo no lo hice. Solo lo leí con el alma, como se leen las cosas bellas o con lágrimas cuando hacen mella en tu interior. Supe que llegó a mí porque tenía que hacerlo, era el momento. Y entonces... comprendí, que nada que pasa es por azar.
Lo leí, lloré y lo escondí en un cajón de mi memoria... no quería liberar nada que me uniera a ti, ni la forma ansiosa de quererte !No! me repetía una y otra vez. Aferrándome, encarcelándome, encarcelándote... ¿Por qué? me pregunté una y otra vez. No lo quería ver o no lo sabía hacer de otra manera que no fuera desde el miedo, a perderte, a perderme. Pero entonces la vida te pone espejos donde reflejas las cosas que no quieres ver de ti, las cosas que ocultas a los demás... y un día, te das cuenta que lo que ves no es aquello que eres, no es algo que te gusta... te alejas asombrada, desilusionada... ¿Quién soy? ¿Quién era? o ¿Quién creía ser? Ya no lo se.
Ninguna forma de ti proclamada desde el miedo, es sana. Ningún acto de amor gobernado por el miedo, es amor.
Tú no eres eso, eres mucho más. Tu ser es amor, libertad, ilusión...
Y entonces, ¡Rompes! rompes con lo que creías ser durante mucho tiempo, y duele, duele como si te arrancaran un trozo de tu ser. No creamos que es camino fácil, pues no se irá tan fácilmente, pero al menos sabes y reconoces, que esto, el miedo, no es parte de ti.
Y liberas, te libero... de todo esto que creíamos que era amor. De las dudas, las preguntas, as noches en vela, las esperas... te libero de mi impulsividad, de mi mal carácter, de los suspiros, de mis llantos de niña pequeña, de mis caprichos, de la impaciencia... te libero de mí.
Y si algún día vuelves, ya no seré la misma, ya no habrá tanto miedo, pero recuerda amar al árbol no solo en primavera, si no también en otoño cuando sus hojas y flores no están.

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