Este escrito llegó a mí, no me preguntéis como, yo no lo hice. Solo lo leí con el alma, como se leen las cosas bellas o con lágrimas cuando hacen mella en tu interior. Supe que llegó a mí porque tenía que hacerlo, era el momento. Y entonces... comprendí, que nada que pasa es por azar. Lo leí, lloré y lo escondí en un cajón de mi memoria... no quería liberar nada que me uniera a ti, ni la forma ansiosa de quererte !No! me repetía una y otra vez. Aferrándome, encarcelándome, encarcelándote... ¿Por qué? me pregunté una y otra vez. No lo quería ver o no lo sabía hacer de otra manera que no fuera desde el miedo, a perderte, a perderme. Pero entonces la vida te pone espejos donde reflejas las cosas que no quieres ver de ti, las cosas que ocultas a los demás... y un día, te das cuenta que lo que ves no es aquello que eres, no es algo que te gusta... te alejas asombrada, desilusionada... ¿Quién soy? ¿Quién era? o ¿Quién creía ser? Ya no lo se. Ninguna forma de ti proclamada des...